martes, 30 de agosto de 2011

Felipón

En la vida de los pueblos no todo son Fiestas y Charangas ,  tambien hay enfrentamientos y hechos luctuosos como nos cuenta Luis Álvarez, y como las monedas suelen tener dos caras, tal vez alguien haya oido en su familia la otra cara de esta historia y nos ayude a completarla.

Permítanme que me presente: mi nombre es Luis Álvarez Antón, nacido en Torrepadre, hijo de Potenciano Álvarez Gutiérrez y de María Antón Díez.

El relato que quiero presentarles, recoge parte de una historia acaecida en mi familia paterna, natural, toda ella, de Villahoz, a partir de mi abuelo Francisco Álvarez hacia atrás. Francisco Álvarez se casó con Victoria Gutiérrez, de Torrepadre, lugar dónde crearon su numerosa prole.
El padre de Francisco Álvarez, (mi bisabuelo), se llamaba Felipe Álvarez Maté (1835-1920), al cual todos, en Villahoz y sus alrededores, conocían por “Felipón”. A él se refieren los hechos que voy a narrar.
A Felipón le llamaron para luchas en las “Guerras Carlistas”, lo más probable, en el bando de los vencedores, pues a éstos se les dotó, al finalizar la contienda, de un arma con la cual pudieran defenderse de los posibles enemigos que en el desorden y excitación mental de estas situaciones, siempre proliferan.
En este caso, se trataba de un pistolón, a la usanza de aquellas épocas, llamado “trabuco”, que Felipón siempre llevaba consigo… “Por si las moscas”.
Pues bien, he aquí que un buen día (o mejor dicho: un mal día), cumpliendo con sus quehaceres diarios, se dispuso a retejar una tenada de ovejas, cercana a Villahoz. Al llegar al sitio citado, quiso probar el arma, pero ésta no funcionó, por más que lo intentó varias veces. Seguramente debe estar húmeda la pólvora, pensó. Visto lo cual, subió al tejado con el trabuco, lo puso al sol para que se secara, se quitó la chaqueta y comenzó su trabajo.
En la plaza del pueblo había, en ese momento, varias personas ociosas, charlando un poco de todo, entre sí. Una de éstas, nada amigo de Felipón, sin duda sabiendo donde él se encontraba, completamente solo, manifestó a esos individuos, posiblemente partidarios suyos, políticamente hablando: “me voy a por Felipón; ya veréis qué pronto le traigo a la cola del caballo…” Así que dicho y hecho.
Llegando al sitio, apeóse del caballo (el saludo ya no debió ser muy cordial), y le conminó a que bajase, con la excusa de querer tratar un asunto con él. Debieron ser, éstos muy tensos y muy duros para mi bisabuelo Felipe, pues él ya debía imaginarse las intenciones que su visitante traía, y debió temerse lo peor, como así confirmaron los hechos que siguieron. En efecto, Felipón accedió a bajar, pero diciéndole que iba a recoger primero su chaqueta para no quedarse frío, a lo que el otro contestó con ironía: “si no te va a hacer falta”. Tras esa respuesta, a Felipón, ya no le debió quedar ninguna duda sobre sus intenciones, por lo que en vez de coger la chaqueta, cogió en trabuco que antes había puesto a secar al sol, para intimidarle desde arriba, seguramente creyendo que no iba a disparar. Pero cuál no sería su sorpresa cuando el trabuco escupió todo su contenido sobre su enemigo, cayendo este malherido, antes de poder materializar sus malas intenciones. En ese preciso momento, los que habían quedado en la plaza de Villahoz oyeron a lo lejos el disparo y comentaron entre ellos:  “ ¡Vaya ya cayó Felipón!”. Pero Felipón sano y salvo, anuque seguramente un tanto preocupado y nervioso, tomó el camino de Villahoz (no sé si a pie, o sobre el caballo del “bandido”, para dar parte de lo sucedido a las autoridades, las cuales llegaron hasta el herido, encontrándole todavía con vida y pudiéndole tomar declaración, en ella se confesó culpable de lo que había sucedido, siendo corroborado su testimonio por las gentes que estaban en la plaza, quienes relataron lo que esta persona había dicho, demostrándose así sus malos propósitos.
De esta manera quedó acreditada la culpabilidad del “bandido”, quedando Felipón libre de toda responsabilidad o culpa en los hechos. Se trata, sin duda, de un claro ejemplo de los que podríamos denominar, según reza el refrán popular: “ir por lana y salir trasquilado”.
Esta historia la oí, en boca de mi padre, en multitud de ocasiones, pero… ¿Conoce Ud., estimado lector, esta frase?
“Vas a morir como Felipón!!”
Yo mismo he podido oírla muchas veces en Torrepadre, e incluso me sorprendió escucharla en Barcelona de labios de un catalán, mientras jugaba una partida de Damas.
Algunos creemos que pueda tener su origen en esta historia que acabo de narrar, y que en su día, pudo ser bastante difundida a través de los medios de la época.
Seguro que los que más puedan conocerla serán las personas mayores, ya que entre la juventud, parece que se ha perdido este dicho, y con él el recuerdo del hecho que puede ser su origen.
Los dichos o historias del pasado, tanto de nuestras familias como de nuestros pueblos, suelen estar basados en algún acontecimiento histórico, ya sea personal o colectivo, que por haberse conservado durante muchos años, forma ya parte de nuestro acervo cultural.
Desde aquí invito, a todas las personas, de cualquier edad y condición, que recuerden algún dicho o episodio de estas características, se atrevan a ponerlo por escrito y a publicarlo, por sí mismo o con ayuda de otros, para que estas riquezas culturales perduren a través de los tiempos y generaciones.
¡Ayudemos a que no se pierdan nuestras tradiciones culturales!, sin ánimo de catalogarlas como buenas o malas, querámoslo o no, son parte de nuestro patrimonio.
Firmado: Luis Álvarez Antón

2 comentarios:

Irene Quevedo Gutiérrez dijo...

Qué bien!
Mira por donde acabo de conocer esta historia de mi tatarabuelo Felipón.
Me ha gustado mucho conocerla.

Gracias Luis.

Irene Quevedo Gutiérrez

Virginia dijo...

Mi madre tiene un dicho:
" Ha caído como Felipón" supongo que vendrá de esta historia.
Estuvo viviendo una temporada en Burgos hace 60 años